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Pablo Paniagua Utrera – interiorista

Vía Interiorismo

Vocación creativa

Pablo paniagua encarna a la perfección la imagen de “joven promesa”. A sus 30 años, está preparado, es dinámico  y con iniciativa, y cuenta con la cualidad necesaria que toda figura consagrada del interiorismo ha de tener: una gran creatividad.

Pablo Paniagua Utrera – interiorista

Pablo Paniagua nació en Málaga en 1978 rodeado de arte, cultura y sensibilidad estética. Con tales antecedentes, estudió Historia del Arte en Málaga y completó la especialidad de rehabilitación de edificios histórico-artísticos en la universidad de La Sapienza, de Roma. A su regreso, ingresó en la Escuela de Interiorismo de la Universidad Politécnica de Madrid. Actualmente, Pablo cuenta con su propio estudio, en Madrid y en Málaga, en el que desarrolla su profesión con un sentido del rigor y el equilibrio propio de los más grandes.

Uno puede tener gustos por muchas cosas y habilidad para tantas otras, pero la vocación es una, ella te absorbe y te lleva a dejar en segundo plano todo el resto. La vocación apunta hacia los sueños, nuestros anhelos, lo que nos inspira, la expresión de nuestros valores.

Pablo Paniagua siempre quiso ser lo que es; interiorista, vocación que nació de su madre “mujer que cambiaba constantemente muebles dentro de nuestra casa en Málaga” y de su padre que “siempre estaba pensando qué hacer con objetos especiales con los que se iba encontrando, sabía ver la belleza de las cosas sencillas”.

Sus proyectos, inspirados en su amada Andalucía, son capaces de hablar por sí solos a través de un lenguaje arquitectónico y de sus materiales, todo ello sin estridencias ni excesos arquitectónicos.

Recuerden este apellido, Paniagua, nombre emergente del interiorismo español.

¿De donde te viene tu vocación por el interiorismo?

Nunca me he parado a pensarlo, pero si tuviera que concretar tendría que decir que son fundamentales mis padres y Andalucía.

A mi madre le encanta la decoración, mis hermanos y yo crecimos rodeados de montañas de revistas de decoración y ayudando a mi madre a cambiar constantemente muebles dentro de nuestra casa en Málaga. Mi padre por su parte, siempre estaba pensando qué hacer con objetos especiales con los que se iba encontrando, sabía ver la belleza de las cosas sencillas.

Y por supuesto Andalucía, las ciudades andaluzas se redecoran continuamente por lo que es imposible permanecer impasible ante los cambios que puede experimentar cualquier pueblo a lo largo del año según sea Semana Santa o Feria. Es increíble ver como de forma espontánea, los centros de las ciudades aparecen de pronto una mañana como si hubiese pasado por allí el mejor decorador del mundo. Y eso está ahí sin que nadie lo haya enseñado.

En alguna ocasión se ha hablado de la existencia de dos generaciones de interioristas en España. Pascua Ortega pertenece a la primera y tú a la segunda, ¿qué diferencias fundamentales crees que existen entre una y otra?

Creo que ese concepto de generaciones simplifica y acorta la labor de muchísimas personas que han dejado su huella, aunque no sepamos sus nombres, por todos los rincones de España. En cualquier país de Europa se veneran los nombres de profesionales de la decoración  que en algunos casos están referenciados desde el Barroco. Sólo hay que meter la cabeza en cualquier portal de algún edificio de algún centro histórico para darse cuenta de que en España hay decoradores desde hace mucho.

En cualquier caso, sí me parecen rasgos diferenciadores el hecho de poder acceder a una formación reglada y universitaria que forme a profesionales en este campo y vivir en un mundo en el que la cultura visual empapa múltiples ámbitos de nuestra vida, la televisión, internet, la prensa… ¡Creo que se podría decir que el que no conoce es porque no quiere!

¿Cómo te sientes cuando dicen de ti que eres la joven promesa del diseño interior?

Me parece un completo disparate, ¡aunque gracias por el piropo!

Si diéramos un paso atrás, cuando te sacaste el título de interiorista en Madrid, ¿te imaginabas que tendrías tanto éxito?

El verdadero éxito es el cariño y la confianza que las personas ponen en tí a la hora de pedirte ayuda para un proyecto.

¿Cómo definiría tus interiores?

Trabajo con mis hermanos Álvaro y Gustavo, por lo que, al final, todos los proyectos son fruto de la reflexión de los tres.

Siempre intentamos ejecutar espacios que no necesiten excesos decorativos, que sean capaces de hablar por sí solos a través de su lenguaje arquitectónico y de sus materiales y, si además conseguimos una estética atemporal y personal a la vez, para nosotros es el proyecto perfecto.

¿Cómo recibes al cliente? ¿Qué cuestiones les planteas y cómo consigues conocer sus necesidades?

Con normalidad, como cualquier profesional que es requerido por alguien para un asunto de su campo. Intentando entender cuáles son sus circunstancias, intentando saber cómo viven, que cosas les gustan, cuáles no, es una labor de investigación como la que haría un médico antes de dar un diagnóstico. Y, sobre todo, escuchando.

¿En qué te inspira?

Creo que el concepto de inspiración es distinto en cada persona y por otro lado asociado sobre todo a conceptos creativos libres.

La decoración no es escenografía, hay que poder vivir rodeado por ella, está sujeta a condicionantes técnicos, económicos y con frecuencia a imposiciones estéticas que frecuentemente hacen imposible el desarrollo de un proyecto libre. Creo que ahí está la chispa de los proyectos especiales, creo que el proyecto que tiene una impronta personal y un criterio firme, a pesar de todo lo anterior es un proyecto excelente. Ideas hay en todas las cosas que nos rodean, sólo hay que estar atento.

¿Qué importancia tiene la iluminación en tu trabajo?

Primordial. Mi profesora de luminotecnia repetía sin cesar que un proyecto mediocre podía ser maravilloso gracias a la luz…

En nuestro caso la luz es teatro, color, confort y tecnología, y si tuviera que decir de dónde sale sin duda diría que de Andalucía.

¿Existe el proyecto ideal?

Proyectos ideales pueden ser todos si se consiguen enfocar bien, aunque qué duda cabe que hay proyectos que cualquier persona sueña con poder hacer.

Desde el momento que el cliente llama a la puerta de tu estudio hasta el momento que le entregais el proyecto, ¿cuál es el instante más agradecido? ¿Y el más desagradecido?

El momento más bonito es cuándo el cliente confía en tí y cuándo ve el resultado de tu trabajo. No hay momentos desagradecidos, quizá menos bonitos.

Aprovechando tu declarada pasión por el arte ¿Con qué estilo artístico te identificarías?

Antes de estudiar interiorismo estudié historia del arte e hice un Máster en Roma de restauración de edificios históricos, el arte está absolutamente en todo, hasta en los envases de refresco. Creo que todos los estilos y las épocas tienen aportaciones interesantes. No podría identificarme con ningún estilo en concreto.

Cuando has vuelto a alguna de tus obras finalizadas ¿has visto reflejado el estado de ánimo que tenías en ese momento?

Creo que en el interiorismo es difícil percibir estados de ánimo, y si así fuera estarías filtrándolo por tu momento personal cuándo lo realmente importante es el encargo del cliente. Por otro lado, el proceso de ejecución de un proyecto de este tipo es largo, y el ánimo puede cambiar cada día…

¿Uno de los miedos del interiorista es que su espacio se quede desfasado?

Ese es un riesgo que cualquier persona que trabaje con alguna componente creativa tiene que asumir. Los grandes proyectos decorativos de la historia siguen absolutamente vigentes, son antiguos pero no están desfasados. Ahí está el reto.

¿Cómo te llevas con las tendencias?

Ni bien ni mal. No las sigo, aunque he de reconocer que a veces sin darte cuenta estás reproduciendo modelos o patrones que en un momento determinado están en tendencia. Vivimos en un mundo en el que es muy difícil no “contaminarse”.

¿Cómo imaginas el interiorismo de aquí a 20 años?

Dignificado y entendido como una profesión seria, al margen de frivolidades y divismos. Y, en cuánto a la estética, estoy seguro de que las nuevas puertas se abrirán a conceptos que quizás hoy nos parezcan imposibles.

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